El farsante y la doncella

Max Beerbohm no era un escritor 24/7; pronto mostró dotes de caricaturista y en eso se destacó; no obstante, regalo al mundo algunos cuentos, varios textos en prosa y una novela. Nació en Londres en 1872 en cuna de oro. Se relacionó con círculos artísticos importantes de su época. Era un dandi que se caracterizaba por ser sarcástico y paródico, un humorista, en sus caricaturas y escritos.

En la escena latinoamericana, él es conocido gracias a la Antología de  la literatura fantástica, compilada por Bioy Casares, Borges y Silvia Ocampo, con un cuento llamado Enochs Soames. Ahora es la editorial Acantilado quien nos trae una fábula de este londinense; el farsante feliz (The Happy Hypocrite), en traducción de Matías Godoy, se trata de un relato que habla de un libertino que ve cambiada su suerte de la mano de una bella e inocente bailarina.

Lord George Hell es quien cae perdidamente enamorado de Jenny Mere; George Hell era considerado el más, de entre los integrantes de la corte del Regente, perverso, voraz, destructivo y rebelde individuo, en pocas palabras, un amante de la perfidia; llamado el Rey Malvad, era considerado un ser abominable por la gente, tanto, que hasta las niñeras lo utilizaban como un símbolo equiparable al coco, que castiga a los niños malos.

Él gustaba de los juegos de azar, de beber y comer más de la cuenta, ataviarse de ropa elegante, como si todos los días fueran domingo. Tiene 35 años, un hombre que sentía un insaciable amor por la ciudad y sus placeres. Es un hombre cínico y antipático; odioso e insolente al grado que sus padres se avergüenzan de él.

Sin embargo, una casualidad del destino, como lo es casi siempre el amor, un día, mientras observaba una representación en el Garble’s, donde una bailarina logra cautivarlo al punto de que todo a su alrededor se transformó y el mundo de interesarle dejó. Se olvidó de sus acompañantes e instantáneamente buscó en los camerinos a Jenny Mere. Ahora George es un hombre insuflado de amor por el travieso Cupido.

Ya frente a la doncella, el libertino dejó al descubierto su corazón ante ella, la congratuló con cumplidos, tales que, la bella moza encontró sinceridad en sus palabras y en su declaración de amor; mas ella, rechazó a su enamorado con el pretexto de no poder entregar su corazón más que a un hombre con el rostro de un Santo. La respuesta sacudió a Lord George Hell, quien deambuló, pensativo, durante toda la noche por la ciudad de Londres, dejando en el Garble’s a sus acompañantes y entre ellos su amante Gambogi.

A la mañana siguiente nuestro libertino arribó a una tienda de máscaras, no sin antes sufrir un sobresalto por a ver visto a Gambogi, en un café al frente de la tienda. El dueño del local se llamaba Aeneas, un señor ya mayor que tiene y ha tenido como clientes a los más importantes personajes de Londres, y hasta los mismísimos dioses del Olimpo le acudieron a él para que confeccionara una máscara para Apolo.

Entonces, es a Aeneas a quien el libertino encarga una máscara, pero la quiere al instante, no quiere que le confeccione una a su medida, quería una ya fabricada, un rostro de Santo necesitaba para ganar el amor de aquella bailarina. Para suerte de George, en la tienda el anciano tenía una en su bodega, la cual, colocó en el rostro del amoroso desesperado. Ni tardo ni perezoso sale de la tienda con su nuevo rostro con su nueva personalidad en busca de su amada. Sin embargo, se encuentra la salir de establecimiento, con su amante italiana, a quien ignora diciendo que él no es quien ella piensa.

El hombre enamorado, por fin, consigue el corazón de su dama, había conseguido el rostro perfecto para engañar a Jenny Mere; no obstante, estaba preocupado por su encuentro con Gambogi, pues ella podría descubrirle ante su querida. Salvo ese pequeño desaguisado nada entorpeció el destino, de la bailarina y el suyo, de estar juntos. Se casó con ella y vivió feliz por un tiempo hasta que un día su amante italiana Gamboia, por fin apareció como un mal presagio, ya esperado, en la vida de Lord George Hell.

Así, se trata de un cuento simple, donde X se enamora de Y, y la fuerza del amor los lleva a los dos, los arrastra a un cambio radical. En este caso, Lord George Hell dejó su vida disipada; devolvió todo los bienes que por los juegos de azar había conseguido. George es el ejemplo del cambio máximo gracias al amor, pero como toda historia de maor, siempre hay un malo que se interpone en este amor, ya sea por soberbia, egoísmo y despecho como es el caso del personaje de Gambogi.

No obstante, al tratarse de una historia contada de modo simple, logra alcanzar a dibujar, satíricamente, la forma de vida del Londres de su época, ese mundo de la alta sociedad. Por ello los invito a descubrir cómo termina esta historia leyéndola. Para lo cual, los invito a visitar la librería Hyperión, en Octavio Bejar 59, fraccionamiento Ensueño, si gusta adquirir este libro o a que vayan a darse una vuelta seguro encontrara algo que les agrade y enriquezca.

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