La memoria de Borges

Jorge-Luis-BorgesEn esta ocasión, más por azar que por una elección particular que respondía al hecho de recordar a este gran escritor, autor del libro del que pensamos hablar, por sus treinta años de muerte; me refiero a Borges y a su texto La memoria de Shakespeare. Para él que una vez dijo: «Siempre imaginé el paraíso como una especie de biblioteca.” ¿Por qué decir esto o empezar diciendo esto? Pues ya que ésta – la biblioteca – está compuesta de libros y para nuestro escritor es un libro es “una extensión de la memoria y de la imaginación.”

Al respecto y en relación con el título del libro del que hoy toca hablar, en éste encontramos una idea sobre la memoria que es para Borges “no una suma, sino, un desorden de posibilidades indefinidas,” y eso es este libro publicado en 1983. Se trata de un volumen compuesto de cuatro cuentos, los últimos cuatro relatos dados a la imprenta por parte de Borges. Y en el mismo nos demuestra una vez más que es verdad que la memoria es un desorden de posibilidades y entre esas cosas posibles él pensaba que había que preguntarse ¿qué pasaría si la ficción incidiera en la realidad?

Ejemplo de ello son los cuatro textos. El primer de ellos se titula 25 de agosto de 1983, en cual imagina una charla con un Borges, de 61 años cumplidos que llega a instalarse a la pieza 19 del hotel Las Delicias, en Adrogué, donde al llegar a registrarse ve que su nombre está escrito ya en el libro de registro, sorprendido se dirige a la habitación y se encuentra con la figura de un Borges ya viejo con el que desarrolla un dialogo, que es un enfrentamiento ante un espejo, un diálogo sobre el futuro, el olvido y los sueños que le esperan al Borges menos viejo; he aquí la ficción incidiendo en la realidad por medio de la confluencia de materia y tiempo onírico .

El segundo relato lleva el nombre de Tigres azules, en este relato esboza las memorias de lector, los pensamientos y sueños, así como el itinerario de la aventura de Alexander Craigie, profesor universitario de origen escoses, quien, un día lee una nota acerca del avistamiento de un raro tigre de color azul. Craigie, narrador de la historia, se muestra dueño de una fuerte atracción y filiación con la imagen mítica del tigre, misma que le hace ir a investigar el caso trasladándose a una aldea cercana al Ganges.

Ahí el personaje sueña con cazar a ese tigre, al punto de la obsesión, mas, en su aventura se encuentra una especie de piedrecillas azules que tienen la virtud de multiplicarse. Piedras que no respetaban las leyes lógicas de la realidad común, de las cuales Craigie quiere descubrir el porqué de su modo de ser, de su multiplicación infinita o su posibilidad de desaparecer tras su multiplicación. Así, él fracasa en sus experimentos por entender la conducta estas rocas; sin embargo sólo logra deshacerse de ellas y del desasosiego que le producen.

La siguiente narración, La rosa de Paracelso, reinventa la leyenda sobre la supuesta habilidad de Paracelso – médico y alquimista suizo – para incendiar una rosa y revivirla de las cenizas. En el relato el alquimista pide a Dios que le envíe un discípulo, y como quien oye en el momento la petición, llegó a su taller Johannes Grisebach con la solicitud de ser su aprendiz, quien, para entregarle su vida en total dedicación a sus enseñanzas le pide que le muestre el prodigio de la rosa. Paracelso se niega y comienza un dialogo con el prospecto de alumno, en el cual descubre lo indigno en el joven, como para ser su discípulo.  Mostrando el viejo conflicto entre la fe y la incredulidad.

Y el último relato que da título al libro, La memoria de Shakespeare,  se cuenta la historia del regalo de la memoria de este escritor inglés como un don que se obtiene, posee y regala como un objeto mágico e invisible. La obtienes tal sólo con decir “Te doy la memoria de Shakespeare”. Se regalan las reminiscencias desde los días más pueriles y antiguos hasta los del principio de abril de 1616. Hermann Soergel, el narrador del relato, un académico que supone que Shakespeare es su destino, y por eso acepta la memoria, en cuanto le es ofrecida, y que empieza a poseer en la medida en que Daniel Thorpe, el anterior poseedor, comienza a olvidar, además de los estímulos dados por la lectura y relectura de la obra.

Mas, con el tiempo, Soergel se ve perdido entre los recuerdos de Shakespeare, poco a poco va desapareciendo y  esto lo coloca en un deseo de volver a tener su propia memoria, eseo externado en esta frase: “Todas las cosas quieren perseverar en su ser, ha escrito Spinoza. La piedra quiere ser una piedra, el tigre un tigre, yo quería volver a ser Hermann Soergel.” Entonces decide deshacerse de aquel sino que había elegido y emprende una vía ayudado por la guía telefónica.

Así pues, como habíamos dicho, ¿y si la ficción incidiese en la realidad?, podemos ver que eso es lo que nos muestra Borges, con el dialogo consigo mismo donde se revela futuros hechos a través de la memoria de su yo viejo. Nos lo muestra con los tigres azules y las piedrecillas que con su carácter mágico llevan al narrador al borde de la locura; en la incredulidad del joven discípulo que por no tener fe se pierde de aprender la magia de Paracelso. O en el regalo de una memoria ajena que te disloca de ti, que paso a paso te hace a un lado y te relega a un olvido que se pierde en el viento.

Borges, quien hace 30 años se marchó de su Río de la Plata, de su Suiza, dejándonos en la memoria la ficción y su posibilidad sobre la vida; no hay mejor manera de recordarle que volviendo sobre sus palabras, leyendo uno de sus libros, por eso  esta semana les recomiendo que  pongan sus ojos en Las memorias de Shakespeare, y así homenajear al buen ciego que imagino el paraíso como una biblioteca. 

Comenta

No te lo pierdas!

Iphone X es oficial

Siendo el plato fuerte y para conmemorar los 10 años del primer Iphone, Apple ha rediseñado su gran buque y ha apostado por nuevo diseño ...