La vida privada de los árboles

“Un día  en la vida de cualquiera  de nosotros es un día hecho…  de las historias que contamos y que nos cuentan. Los relatos que contamos y que nos cuentan a lo largo de un día… registros vitales de nuestra experiencia;”[1] nos dice Ricardo Piglia. Vivir es una narración, desde que a la oficina o la escuela llegas, o a donde sea; todos nuestros espacios reclaman una historia, pues el tiempo y el espacio caminan de la mano del fraseo en nuestro relato.

Los días van desde los segundos y la suma de estos hasta llegar a los años, no sin haber de ello hablado. Por esto, somos unos animales sujetos al relato, a la narración. Y de entre los tantos segundos, que se hacen horas y días, también años, los hechos van tomando materialidad en los recuerdos. Así, de lo que hoy nos toca narrarles, es de Alejandro Zambra y su La vida privada de los árboles, novela de 117 páginas publicada por Anagrama Editorial.

Empecemos por contar, Alejandro Zambra es un autor chileno que con tan sólo 41 y apenas tres novelas y un libro de cuentos, más dos de ensayos,  ha logrado saber posicionarse en el gusto del público latinoamericano y europeo.  Sus novelas han sido traducidas a más de diez idiomas, entre los cuales podemos nombrar el francés. Él comenzó su carrera literaria como poeta, publicando dos libros, mas dio un salto a la narrativa y en 2006 publica, también en el sello de Anagrama, su primera novela: Bonsái.

Para su segunda aparición en el mundo de la narrativa Zambra nos entregó La vida privada de los árboles (Anagrama, 2007) que es una novela corta que comienza con la escena de un hombre contando a su hijastra la vida privada de un par de árboles en un parque. Este hombre se llama Julián, quien un día se agregó a la familia de Verónica y Daniela, la niña. Repentinamente, y después de una relación con Karla, Julián al conocer a Verónica queda prendado. Ella llegó a su vida en el último cumpleaños de Karla que él paso a su lado. Era Verónica la quien hizo el pastel.

Esta novela narra una noche en la vida de Julián y su nueva familia. Verónica ha salido a tomar una clase de arte y es hora que no vuelve, ya se está haciendo tarde. Él intenta dormir a Daniela y para ello se las ha ingeniado la historia de los árboles. Pero, está intranquilo por Verónica, por su retraso, y entre más ella se retrasa, más, Julián se va adentrando en sus recuerdos de cómo conoció a quien ahora espera. La novela entonces, además, narra la espera de Julián y cómo se va desesperando y pensando lo peor; ella no vuelve porque algo malo le ha pasado. La desesperanza está desde un principio, está implícito el augurio de que no volverá.

Es una historia contada con recursos metaficcionales, a saber, el lector está siempre siendo llamado por el narrador a que recuerde que esto es sólo una ficción y anunciando que la novela terminará hasta que regrese Verónica. Poco a poco y con la reiteración de la idea de que la historia termina hasta que llegue ella, nos anuncian lo fatal, entre narraciones que Julián hilvana como explicación de lo que lo llevo a este lugar que ahora ocupa. Su preocupación lo deja exhausto y se duerme, entonces, la voz de la historia recae en Daniela ya adulta, quien ahora reflexiona o retoma la reflexión de él.

Así pues, entre estos relatos que se unen en la trama de La vida privada de los árboles, vemos que Zambra refleja en su narración el modo de vida de la sociedad chilena en la cual vive y a la que le tocó sufrir la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990). Refleja el sentir de la clase media, su hastío y desesperación; aunque nunca hay una referencia directa de esto que menciono, deja pistas entre los recuerdos que van acudiendo a Julián ante su creciente desesperación por la espera de Verónica.

Por ejemplo, “Fue hace ya mucho tiempo, en un escondido patio de la facultad, mientras fumaba hierba y bebía, a largos sorbos, un pegajoso vino con melón (…). De todos los presentes Julián era el único que provenía de una familia sin muertos, y esta constatación lo llenó de una extraña amargura.” Además de la incesante recurrencia a que no ha vuelto ella. También, está el hecho de que la novela está ambientada en los 80´s, en plena dictadura. Asimismo, la atmosfera de reclamo que se oculta entre líneas, atmosfera de una falta, de una ausencia de resolución ante lo que había ocurrido, ante las heridas que dejo el terror.

En fin, se trata de una enternecedora historia, contada de manera sencilla y que nos acerca a un universo de la historia de un país que vivió y sufrió un espantoso fascismo, como muchas naciones de Sudamérica durante los años 70´s., nos cuenta una historia de amor, de desventura y frustración, una historia que anuncia la fatalidad, una muerte anunciada de la que jamás se desea a hablar; todo, con una prosa deliciosa y musical, en la cual no sobra ni falta una palabra.

Ya para cerrar, les invito, si les interesó está historia, a visitar Hyperión Librería donde podrán encontrar ésta o alguna otra novela, ensayo, que sé yo, que les gustaría leer. Está ubicada en Octavio Vejar 59 esquina con Murillo Vidal, en Xalapa, Ver.

[1][1] Ricardo Piglia, la forma inicial, Sexto Piso. 2015  

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