Las golosinas secretas

Imaginen una habitación repleta de maravillas: “donas esponjaditas, peritas de anís, buñuelos crujientes, paletas de azúcar quemada, malvaviscos gordinflones, nueces garapiñadas, chicharrones con chile piquín, cacahuates confitados, todo, absolutamente todo lo ácido, dulce y Picasso del universo.” Ésta es el cuarto de las golosinas secretas que tenía en sus manos y bajo resguardo Don Silvestre.

Él es un personaje de la historia de Juan Villoro de la que les vengo a platicar; se trata de Las golosinas secretas que bajo el sello de la editorial Fondo de Cultura Económica e ilustrado por Mauricio Gómez Morín sale a la luz en enero de 1995. Ahora imaginen esos caramelos con cualidades especiales de hacer ver a quién las consume colores inimaginables o volverse invisible. Unos dulces mágicos conseguidos alrededor del mundo por parte de Don Silvestre.

La importancia de éstas radica en que serán las que ayuden a Fito, un niño, en su aventura, la cual comienza por capricho de una niña llamada Tencha, quien odiaba a Rosita, otra niña que se juntaba a jugar con ella, Fito y Cuco, y ambos estaban enamorados de Rosita, como todos los niños de la colonia. Este hecho hacía que la gorda Tencha sintiera celos de ella, porque decía era presumida y se sentía la divina garza, por ende no sabía como era posible que esa niña les gustará a todos los niños de la colonia.

Así pues, Tencha en su envidia y con ayuda de un lápiz labial mágico que tiene la característica tornar invisible a quien lo utilizara. Se enteró de su existencia un día mirando la tv y pensó malévolamente usarlo en Rosita, pero, había una complicación el labial sólo o era vendido en Estados Unidos. Sin embargo, un golpe de suerte sacudió a Tencha, su madre y su abuela que eran, al igual que la niña, obesas, tanto que no podían ponerse sus zapatos pues les estorbaba la panza para agacharse y alcanzar las agujetas para llevar a cabo el calzarse sus regordetes pies.

Ante tales complicaciones, acuden con el médico que les recomienda vaya a Estados Unidos a tratar su problema de obesidad; entonces, Tencha encarga el labial a su madre y abuela. La gorda consigue su objetivo, y para llevar a cabo su mala treta, un día cuando jugaban al futbol, la gorda Tencha le regala el labial aduciendo a su hermosura, dando en el telón de Aquiles de Rosita, quien todas las noches gustaba de pintarse como una actriz de cine.

Entonces llegó la noche, Rosita como cada noche corrió a pintarse, se puso el bálsamo de labios que la gorda le había regalado. Acto seguido ella desaparece, se vuelve invisible. A la mañana siguiente sólo se habla de la desaparición de Rosita. La gorda estaba contenta, era feliz, pensaba que se había salido con la suya. Pero Fito decide ir a la tienda de Don Silvestre, pues, “él era la persona más sabia del barrio. Había sido marinero y siempre contaba historias de sirenas y naufragios.”

Fito le platicó lo sucedido con Rosita, y en su sabiduría, don Silvestre, tras escuchar lo ocurrido dedujo que Rosita probablemente se haya vuelto invisible. Entonces, el señor le muestra a Fito la habitación que ya antes les había pedido se imaginaran. De ese cuarto le son provistas las herramientas, a Fito, como lo son las hojuelas que se comió para volverse invisible, pues para encontrar a Rosita, el también debía ser, igual, invisible, pues sólo en igualdad de condiciones puede ver y escuchar al otro que también es invisible. Luego, el señor y el niño, fraguan un plan para buscar a la niña. Don Silvestre le indica a Fito lo que debía hacer; le dio las golosinas exactas, los caramelos precisos, y salió Fito a buscarle, ahora invisible. Sólo tenía tres oportunidades para encontrarla sino, él volvería a ser visible.

De todo esto se desatan momentos y escenarios fantásticos, magníficas peripecias, muy divertidas aventuras; es una historia en la que podemos ver ejemplos de la envidia, la mal sana manera que tenemos, a veces, los humanos de relacionarnos con nuestros iguales; también vemos ejemplo de la amistad y del amor romántico. En fin, una lectura muy recomendable para los niños y hasta para los no tan niños.

Una vez más, en otro orden de ideas, quiero agradecer a la Librería Hyperión por facilitarnos el material bibliográfico para la realización de esta reseña; igualmente los invito a visitar sus instalaciones en Octavio Vejar # 59, esquina con Murillo Vidal. Ahí encontrarán muchos y variados títulos que, estoy seguro, serán, más de uno, de su agrado.

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