LEYENDA DE UNA EXISTENCIA QUE SIEMPRE SE VA PERDIENDO

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Esta semana, en su espacio  Casa de Citas, nos toca hablar de un relato escrito por el gran autor, Joseph Roth, nacido en Brody, región de Galitzia, dentro del Imperio Austrohúngaro, en 1894. Periodista fue el oficio que desempeñó durante gran parte de su vida. Sufre en carne viva el derrumbamiento del Imperio y el suplicio de la Primera Guerra Mundial, así como el horror de la segregación de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Durante 1933 emigró a Francia donde moriría en 1939, por causa de un delirium tremens.

El relato del que vamos a platicar tiene que ver con el alcohol, se llama La leyenda del santo bebedor; publicada póstumamente, y en español por editorial Anagrama, traducido por Michael Faber-Kaiser y es la historia de Andreas Kartak, un vagabundo que vive en la ciudad de París, quien tiene como modus vivendis pasar buena parte de su tiempo bajo los puentes del río Sena. Una ocasión mientras rondaba en los bajos de un puente nuestro clochard, Andreas, se topa con un hombre maduro de vestimentas que denotaban opulencia. Un individuo ataviado con un traje elegante.

El tipo charla con él y durante su conversación, el hombre maduro le ofrece dinero, pues le parece a éste que Andreas lo necesita. Entonces, el hombre le brinda doscientos francos; sin embargo, el clochard se rehúsa a tomar el dinero alegando que es un hombre de honor y como tal le dice:

No puedo aceptar el dinero que me ofrece, y ello por varias razones: en primer lugar, porque no tengo el placer de conocerle; en segundo lugar, porque no sé cómo ni cuándo podría devolvérselo; y, en tercer lugar, porque usted tampoco tiene la posibilidad de reclamármelo, al carecer yo de domicilio fijo. Casi a diario me establezco bajo un puente diferente de este río. A pesar de todo ello, y aun careciendo de domicilio fijo, como ya le he dicho, soy un hombre de honor.

No obstante, el caballero de edad madura le respondió que el tampoco poseía un domicilio fijo y que al igual que Andreas, él se instalaba cada día en un puente distinto. Así pues, vencido el sentimiento de incomodidad y tras escuchar el trato que le propuso el elegante tipo, el vagabundo termina por aceptar el dinero. El trato era simple. Una vez que pudiese saldar su deuda, el clochard debería llevar el dinero a  Sainte Marie des Batignolles, hogar de la santa Teresa de Lisieux, y entregara la suma en manos del sacerdote cuando este terminara de oficiar la misa. Con esto, la deuda ya no era con el elegante señor, éste le había endosado la deuda a la santa, nuestro vagabundo ahora estaba en deuda con santa Teresa.

Entonces, con ese milagro en sus manos, eso era, pues así lo veía Andreas, hacía mucho sin tener tanto dinero junto. El sentimiento que lo arropó, dado por la posesión del dinero, lo hizo dormir tan agradablemente que al día siguiente se levantó y se lavó en las aguas del Sena. Pensó en ir a un restaurante ruso-armenio llamado Tari-Bari, “donde solía gastar en bebidas baratas el escaso dinero que el cotidiano azar le deparaba.” Pero en su andar decide no hacerlo, en cambio entra en un bistro burgués, mas, tras observar su aspecto en un espejo del lugar, decide primeramente ir a una barbería para hacerse asear, antes de pedir comida.

Una vez hecho el aseo de su persona regresa para comer. En el bristo, sentado al costado de Andreas, un caballero lo observa, éste de repente se vuelve hacia el clochard y le pregunta: “¿quiere ganarse algún dinero?” y le ofreció trabajo, debía ayudar a su mujer con la mudanza. Aceptó el trabajo sin chistear y cerraron el trato con un brindis. Continuaron bebiendo por un rato hasta que el caballero partió no sin antes dejarle su dirección y un anticipo para que no fuera a faltar. Asiste a su cita y ayuda a la mujer del caballero, misma que al término del primer día de trabajo le otorga una propina que Andreas se gastará en bebida. Termina su segundo día de trabajo y le es pagado el total acordado.

Para Andreas el azar le ha regalado dos milagros consecutivos, ahora podía beber a gusto y eso hizo la noche después de su trabajo; un sábado y al día siguiente él tenía la convicción de ir a la iglesia de la santa a pagar una parte de su deuda, mas al parecer el azar te da tanto como te quita; en su camino a la capilla, tras esperar un tiempo en un pequeño bristo a que terminará la misa, escuchó una voz que gritaba su nombre. Era Caroline, quien fue su mujer en el pasado y por la cual había pasado un tiempo en la prisión. Acto seguido pasa la tarde, van a comer y terminan en casa de Caroline, regresando a un pasado anterior al del tiempo de la prisión. Al final cuando la pasión lo abandono y la cordura le hizo recordar su deuda, Andreas revisa su bolsillo donde llevaba el dinero y se percata que solo le queda un billete de 50 francos y algunas monedas. “Y el, que desde hacía años ya no sabía lo que era 24 el dinero y que ya no solía conceder importancia a su valor, se asustó de repente como suele asustarse quien está acostumbrado a llevar siempre dinero en el bolsillo y que de golpe se ve en el apuro de comprobar que sólo tiene muy poco o ninguno.” Se había arruinada de la noche a la mañana.

Después de lo sucedido regreso de nuevo a las orillas del Sena. Y durmió, y bebió. Hasta que un día tuvo un sueño donde se le aparecía la pequeña Teresita, la pequeña santa, pidiéndole que la vaya a ver a la capilla. Pasada esa noche, al día siguiente Andreas se despertó muy fresco y decidió lavarse. Reviso su bolsillo donde llevaba el dinero con la liguera esperanza de encontrar algo, pero solo se hayo con una cartera que había comprado cuando le había caído el dinero en  días pasados. Estuvo contemplando la cartera hasta que por fin la abrió y vio que tenía dos compartimientos y en uno de ellos encontró un billete de mil francos; nuevamente la providencia había favorecido a mendigo.

Entonces, Bebió y comió y fue al cine y ahí en la pantalla apareció la imagen de un amigo de la escuela con quien compartió el pupitre; Kaniak se llamaba y era un famoso futbolista, Andreas lo busca y lo encuentra en un hotel en los Champs Elises, el futbolista le regalo un par de trajes lo hospedo en el hotel y tuvo que partir pero regresaría en tres días. Ya en el hotel Andreas conoce a una mujer que se hospedaba en ese hotel, una hermosa mujer que lo cautivo y con la que derrocho su dinero y no pudo nuevamente asistir a pagar su deuda…

Y así, nuestro vagabundo con suerte, no les cuento el final porque es de mal gusto, pero podemos decir que es una historia que gira alrededor de los excesos con el alcohol, pero que más exactamente se trata de una historia de angustia de Andreas que le es dispuesto una deuda a saldar con la santa Teresa, una angustia sucitada por el siempre estar cerca de resarcir su deuda pero como ya he dicho el azar o la providencia te dan tantos milagros como errores que te los quita, es como ir acercándose al destino marcado de antemano, pero al cual procura a la vez perderse, alejarse y aproximarse, podemos pensar esto como una metáfora de Roth acerca del sinsentido de la existencia.

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