Matilda, una historia de muchos libros

De nueva cuenta, en Casa de Citas, vamos a explorar las aventuras de una niña, como ya lo habíamos hecho con Momo en una reseña pasada; esta ocasión le toca a Matilda hablar. Es una novela singular del escritor británico Roald Dahl, quien se ha dedicado tanto a la hechura de literatura para niños como para adultos, que, además, ha tenido la fortuna de que algunas de sus obras de niños hayan sido llevadas a la pantalla grande, como es caso de Matilda que en 1996 es estrenada. Entre otras películas inspiradas en la literatura de Dahl tenemos: El súper zorro y el famoso film de Las Brujas. Este libro del que vamos a hablar es traído a nosotros por la editorial Alfaguara, en la traducción de Pedro Barbadillo.

Se trata de una historia con un personaje bastante sui generis, una niña, que con tan solo cuatro años está ávida de saber. Niña de imaginación inquita, devoradora de libros, poseedora de una madurez mayor a la de los adultos que vive en una atmosfera familiar que limita sus capacidades en pro de la mediocridad. Matilda con su corta edad gusta de ir a la biblioteca y lo hace cuando se queda sola; la biblioteca más cercana de su casa está a diez minutos caminando.

En aquel lugar, atendido por la señora Phelps, a quien la infante dejó sorprendida al verla llegar la primera vez; una pequeña de tan corta edad sin un adulto que la acompañe solicitando libros con algo más que tan sólo dibujitos. Por algunas semanas asistió la niña diariamente a la biblioteca hasta que acabo con los libros de la sección de infantes, ahora buscaría mayores retos, querría leer los libros que leen los mayores y lo hace; lee a Dickens, Hemingway, Kipling, Greene, Orwell, Wells, a los grandes clásicos. Esta actividad doto a Matilda de una inteligencia que aventajaba a todos los que la rodeaban, y al entrar a la escuela mostraba, ella, una capacidad mayor a la de sus compañeros.

Sin embargo, la mediocridad la perseguía, no sólo en casa estaba rodeada de la perteneciente a sus padres, él un vendedor de autos de segunda con una actitud poco ética al vender sus autos; su madre una mujer adicta al bingo y a la televisión y su hermano que era tan  avispado como un oso invernando. También la mediocridad de la directora de la escuela, Agatha Trunchbull, un personaje repugnante con el gusto por hacer sufrir a los niños.

Para torturar a los niños emplea una especie de cámara de tortura a la que llama la ratonera o tan sólo, y sin averiguación previa, los arroja por los aires. Pero entre toda esa horripilante atmosfera Matilda cuenta con la señorita Honey que desde que conoce a Matilda, reconoce en ella sus capacidades, incluso, instó a la directora Trunchball a que la niña fuera promovida a una clase avanzada, mas no logro nada ante la necedad de la directora.

En el transcurso del libro, Matilda descubre que tiene poderes telequinéticos, del cual le habla solo a la señorita Honey, pues sólo a ella le tiene confianza. Lo curioso de este personaje, cálido con Matilda,  es sobrina de Trunchball, la malvada directora es su tía, bajo el cuidado de quien quedó tras la muerte de su padre, cuñado de la maléfica señora. De esto se entera Matilda una vez que acompañó a la maestra a su humilde casa y le cuenta la historia.

Ante estos sucesos, la niña planea un modo de hacer que la directora pague por lo que hace con la señorita Honey. Para ello en una ocasión cuando Trunchbull examina la clase de la señorita Honey, Matilda, ayudada de sus poderes, escribe en el pizarrón, fingiendo ser el fantasma del padre de la maestra, quien le exige que le devuelva lo que le pertenece a su hija. Trunchbull se asusta  y desmaya. Al otro día de lo sucedido la malvada tía abandona la casa perteneciente a la señorita Honey; aparece, entonces, un testamento, y se revela que la maestra es heredera legítima de la propiedad.

Mientras tanto, la justicia llega también a casa de Matilda. Su padre es arrestado por los trucos y malversaciones que hace para vender los autos usados; entonces el padre de la pequeña decide que deben partir a España, pero ella les pide que la dejen con la señorita Honey y su padre acepta con gusto, como si se hubiera deshecho de un estorbo.

Así pues, tenemos en este libro una historia que habla de los niños y como la cerrazón de sus padres y de los adultos, en ocasiones, pueden o hacen que las capacidades de estos se vean minadas gracias a la pasividad y nivel acomodaticio del espíritu de los mayores; versa sobre ridículamente enajenada que esta la sociedad con la televisión y las cosas vanas, no les interesa la mejora ni siquiera la crítica de lo que viven; nos habla (supongo) de como se ha ido al olvido esa extensión maravillosa de la imaginación humana, el libro.

También vemos reflejado el valor de la curiosidad en la imagen de Matilda, quien siempre quería saber más, que no se bastaba con saber de algo y ya, no, ella profundizaba y buscaba respuestas, más y más, a pesar de su corta edad. Es una magnifica historia que deben leer los niños y los no tan niños, para que no pase en nuestro entorno lo que Trunchbull y la familia de Matilda representan, la adoración de la mediocridad. Por ello Matilda siguió creciendo, alimentada por las voces de todos aquellos autores que habían lanzado sus libros al mundo como barcos a la mar. Esos libros dieron a Matilda un mensaje de esperanza: No estás sola.”

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