Vías Paralelas de José Miguel Barajas

Escribir es pensar en voz alta, parece decir José Miguel Barajas al pensar desde Valery o mejor dicho en compañía de éste, pues “toda emisión de pensamiento, aunque sólo intento que jamás alcanzará su objetivo, existe -por lo menos- para desembocar en un libro.” Esa es la premisa de su libro Vías Paralelas, mas, ¿cómo ocurre esto? A través de un diálogo, una búsqueda de otros pensamientos, de otros libros; recorrido por la vasta biblioteca del mundo, formando en ese camino una biblioteca personal, un banco de recuerdos con los que hemos charlado.

El autor nos muestra ese su recorrido, viaje que desemboca en este libro; “lugar donde funda un espacio propio en el orden de las cosas”, desde el incendio provocado por el vacío de un libro. En cierne este texto es el diálogo que José Miguel tiene con sus muertos, que siguen sufriendo la vida de la mano de él. Una conversación a partir de la obsesión de comunicar, de escribir, como si un duende se sentará en sus hombros y le susurrara la orden de hacerlo: “pensar en voz alta.”

Así pues, la senda que sigue este libro comienza con la búsqueda de un volumen en librerías de la calle Donceles, en la Ciudad de México; sin embargo, hubo un encuentro fortuito con El libro vacío, con José García, quien como nuestro autor tenía la obsesión por escribir; obsesión por escribir una verdad, pero desde sí mismos, verdad que construye, derriba y redime. El camino continúa y su diálogo lo hace con Edgar Allan Poe, Fernando Pessoa, Benito Santaya, Charles Baudelaire, por parte de la literatura; con filósofos sus charlas son con Kant, Martín Buber, Nietzsche, Heidegger.

Se trata, pues, de una charla de escritores y con sus escrituras para hablar de la suya, la que nombra a José Miguel Barajas, pero no para buscar formas, no queriendo ser coherente, libre de contradicciones, como es exigido por la razón, “después de todo, qué es la coherencia sino aceptar que todo se está moviendo en direcciones encontradas. Se trata de, a pesar de sentirse ajeno, falsificado incluso, escribir.” Es pues vital que de “aquello de lo que no se puede callar, hay que escribir.”

En fin, Vías Paralelas, libro de ensayos, es una obra con una prosa cadenciosa, en instantes casi música; es como escuchar el trote rebotado de corceles por un pedregal de ideas. Además, es como su nombre lo dice un recorrido de vías paralelas, por un variopinto espacio de autores y personajes con los cuales se detiene a pensar en la construcción del espacio literario y en la poética del tiempo, todos ellos tan distintos entre sí, pero conectados por la fascinación de la escritura. Esto lo hace por medio de siete ensayos y un post scriptum en los cuales crea una red de interconexiones filosófico-literarias, una telaraña de pensamientos, un cruce de vías (modos de escribir el mundo, mostrando un camino largo aún por transitar, mismo donde el escribir ya no se puede aplazar, pues todo lo que grita y no puede ser callado debe ser escrito, y todo lo que desemboca en la escritura es un pensamiento, una forma de vida, un estilo) en el cual ya la escritura desencadenada por ese cruce ya “no es un anhelo, no es petición de algo aún no conseguido: la escritura es existencia.”

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